jueves, 25 de noviembre de 2010
Jhoncito un joven con problemas
Crónica Quindío
Escrito por Juan Sebastián Echeverry
Alumno de comunicación social, universidad del Quindío
La drogadicción es uno de los mayores azotes de esta época, no solo en grandes países consumidores como Estados Unidos, sino también en países productores como los latinoamericanos. Y es que, aunque nuestro país se sitúa dentro del panorama mundial como uno de los mayores productores de drogas, aquí también el problema del consumo ha traído grandes problemas sociales. En ese sentido, uno de los mayores problemas sociales que se derivan de la drogadicción es la desintegración de las familias. Lo que anteriormente conocíamos como “la calle del cartucho” en Bogotá es una muestra de la degradación humana que pueden llegar a vivir las personas que caen en este inmenso hoyo sin salida.
“Jhoncito”, como llamaban las personas más cercanas a nuestro personaje, había llevado una vida más o menos normal. Nació en una familia tradicional, no muy adinerada, pero sí acomodada económicamente. Su madre dedicada al hogar y su padre, un hombre que como todos los de esa época, criaban a sus hijos con mano dura. Sus 4 hermanos y el resto de su familia eran personas comunes y corrientes, con sus más y sus menos, como la mayoría de la gente. Pero a pesar de vivir en una familia normal, Jhon Jairo conoció desde muy joven el mundo de las drogas y allí se quedó para siempre.
Si, Jhoncito tuvo una infancia y una juventud algo difícil, pero no por carencias económicas, sino porque su padre (como muchos otros) creía ciegamente en el lema “la letra con sangre entra”. Pero, realmente ¿cuántas personas no han pasado por esta misma situación y logran superarlo? Él, cansado de los golpes y los malos tratos de su progenitor, empezó a frecuentar amistades que, a los ojos de su madre, no eran buenas.
A pesar de las súplicas de su madre para que abandonara “tan peligrosa compañía”, Jhoncito siguió reuniéndose con sus nuevos amigos con más frecuencia a medida que pasaba el tiempo. Estos personajes lo llevaron a consumir drogas por primera vez, con la frase común: “pruebe que eso no pasa nada y si no le gusta pues no lo vuelve a hacer”. Él olvidó tantos consejos de su familia y de las personas que lo querían, decidió probar la marihuana y, desde ese día no volvió a ser el mismo.
Al principio nadie en su casa notaba un gran cambio en su personalidad, pero su rebeldía fue aumentando con el paso de los días. Peleas frecuentes con sus hermanos y grandes enfrentamientos con su padre se convirtieron en una constante, que llevó a su familia a sospechar que algo extraño estaba pasando con él. Un buen día, por cosas que solamente Dios podría explicar, su madre pasó por el lugar en el que Jhoncito se encontraba con sus amigos; cuál no sería la sorpresa de esta mujer al descubrir que su hijo estaba consumiendo drogas.
“La drogadicción es una enfermedad que consiste en la dependencia de sustancias que afectan el sistema nervioso central y las funciones cerebrales, produciendo alteraciones en el comportamiento, la percepción, el juicio y las emociones”[1]. Este es uno de los primeros conceptos que debe entender una sociedad como la nuestra: se trata de una enfermedad. Por los general, los gobernantes limitan la lucha antidrogas a la erradicación de los cultivos y no se dan cuenta que esto se está volviendo un problema de salud pública. No se puede pretender acabar con al problema de la drogadicción si no se hace prevención del consumo como una política de estado.
“Pero la adicción no es solamente uso de drogas, ni siquiera su abuso. Las drogas interfieren con el funcionamiento normal del cerebro creando fuertes sentimientos de placer, y tienen efectos duraderos sobre el metabolismo y la actividad del cerebro”[2]. Las personas, sobretodo los jóvenes, tienden a creer que las drogas son algo que pueden probar y consumir cuando quieran y que eso no los hace adictos. No se dan cuenta que el peligro de las sustancias psicoactivas es precisamente ese, que producen una sensación de bienestar y placer que los lleva a volverse adictos sin siquiera darse cuenta de ello.
“Lo que hace que una adicción sea una adicción nociva es que se vuelve en contra de uno mismo y de los demás. Al principio se obtiene cierta gratificación aparente, igual que con un hábito”[3]. Y precisamente a esto es a lo que queremos llegar: aunque las personas sientan mucho placer cuando consumen drogas, esto termina volviéndose el factor decisivo para que familia y amigos decidan alejarse. Es allí donde la sociedad tiene que entender que estas personas necesitan ayuda en lugar de reproches, necesitan que les den una mano en lugar de la espalda.
Siguiendo con la historia de Jhoncito, quedamos en el momento en su madre descubrió que él estaba consumiendo drogas. Aunque para ella el golpe emocional fue muy duro, decidió no comentar nada por miedo a la reacción que podría tener su esposo. Trato, como buena madre que era, de ayudar a su hijo por todos los medios posibles. Pero a veces los consejos sabios de una madre no son suficientes para un problema tan grave como el de nuestro personaje.
Sin embargo, hubo un tiempo en el que el panorama parecía mejorar. Jhoncito dejó de frecuentar a los amigos que lo llevaron a las drogas y su comportamiento en casa mejoró notablemente. Su madre, feliz por el cambio, convenció al padre de Jhoncito para que lo enviara a estudiar a los Estados Unidos lo que él siempre había soñado: aviación.
La felicidad no podía durar mucho tiempo. A los tres meses de haber partido para Estados Unidos, Jhoncito llamó un día a su madre para informarle que lo había detenido la policía de ese país por estar traficando con drogas. Su madre sufrió por muchos meses, recibiendo de vez en cuando una carta y un par de fotos que le podía enviar una hermana que residía en ese país y que, de vez en cuando, iba a visitar a su hijo.
Al terminar de pagar una pena de 4 años en una cárcel de La Florida, Jhoncito fue deportado a Colombia. Lamentablemente todo no se quedó en silencio como lo había querido la madre, sino que su padre se enteró de todo lo que había sucedido en Estados Unidos y de lo que hacía su hijo antes de irse a “estudiar” a ese país. La reacción era de esperarse: Jhoncito tuvo que marcharse de la casa con lo poco que su padre le permitió sacar y las calles de Cali se convirtieron en su hogar.
Yo creo que a Jhon Jairo no sólo le faltó personalidad para rechazar a aquellos personajes que le ofrecieron las drogas, a él le faltó una mano amiga que lo supiera guiar. Muchas veces, cuando nos enteramos de que una persona tiene problemas con las drogas, lo que hacemos es darles la espalda y olvidarnos de ellos. Si supiéramos que el apoyo emocional muchas veces puede conducir a que la persona decida ponerse en tratamiento y buscar ayuda profesional. Para mí, la solución no es desechar a las personas que desafortunadamente caen en este mundo, la salida es brindarles apoyo.
Las cifras actuales sobre drogadicción en nuestro país son alarmantes. El Ministerio de la Protección Social señala que el 30% de los estudiantes universitarios han consumido droga alguna vez en la vida. Cerca del 10% de los jóvenes inician el consumo de sustancias psicoactivas a los 11 años y comienzan probando la marihuana[4]. Y esto no se queda solamente en las cifras estadísticas de las entidades gubernamentales, a diario vemos noticias de los efectos de la drogadicción. A pesar de todo esto no se le presta la debida atención al problema hasta que ocurre un caso cercano. Definitivamente los gobiernos y las instituciones tienen en sus manos las políticas de prevención, pero al interior de las familias también hay que preocuparse por este flagelo.
Desafortunadamente Jhoncito no vivió para contar esta historia. En medio de su adicción a las drogas encontró un fin trágico, alguien acabó con su vida un día en las calles de Cali. Su familia supo de la trágica noticia un día antes de que medicinal legal decidiera enterrarlo como NN, por lo menos su madre ahora sabe dónde está. ¿El futuro? Este es el futuro más seguro para quienes entran en el oscuro mundo de las drogas: la degradación y la muerte.
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